Cuando hablamos de educación emocional nos referimos al tipo de enseñanza que permite la gestión de emociones desde pequeños. Este proceso, además, permite desarrollar mayor conciencia en el manejo de estas mismas en determinados momentos de la vida, ayudando al autocontrol, interacción social, empatía y muchas otras.
Tiene como principal fin comprender nuestras propias emociones y la de los demás. De este modo, la persona podrá construir una identidad y seguridad por sí mismo, mejorando la relación que el sujeto tiene con su entorno.
La importancia de la gestión emocional permite mayor conciencia de nuestros sentimientos, ayudando a socializar y al desarrollo personal. El hecho de no trabajar las emociones llevará a la persona a sufrir altibajos mentales, los cuales repercutirán directamente en su día a día y a lo largo de su vida.
¿Cómo ayuda la gestión emocional en el interior del aula?
Este tipo de educación comienza en los primeros años de vida, que es la etapa donde los niños retienen de mejor forma la información que reciben, y se desarrolla en la educación primaria y secundaria, en donde el adolescente va logrando un crecimiento como individuo, mediante actividades, juegos, dibujos, canciones y conversaciones.
El hecho de trabajar esta faceta ayuda a la motivación y desarrollo intelectual en el ámbito escolar. Es más, las personas que han recibido este tipo de educación cuentan con mayor confianza y autoestima, ya que tienen las herramientas para controlar sus emociones y las de los demás.
Si bien el desarrollo académico es importante, no se puede dejar de lado aprendizajes complementarios, como es el caso de la gestión de emociones. Está habilidad hay que trabajarla, ya que no es innata.
Para concluir, las personas que durante su etapa de formación reciben una educación emocional logran distinguir las emociones, controlarlas y expresarlas de forma saludable. Con una buena gestión de nuestros sentimientos se permite manejar el día a día de cada individuo, construyendo una estabilidad mental.